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Desfibrador portatil

Lugares Cardioprotegidos

Se calcula que cada minuto que pasa disminuyen un 10% las posibilidades de supervivencia para la persona que ha sufrido un paro cardiaco. Por eso es vital actuar con rapidez.

Las acciones en la cadena de supervivencia empiezan por cuatro pasos:

  1. Reconocer que la persona afectada está sufriendo un paro cardiaco.
  2. Llamar al 01 800 LIFE 123 para que la ambulancia llegué inmediatamente.
  3. Iniciar compresión torácica (RCP).
  4. Efectuar desfibrilación con un desfibrilador automático (DEA) mientras llega el servicio de emergencia.

Un desfibrilador es un dispositivo pequeño, liviano, con batería que analiza el ritmo cardíaco de una persona y puede reconocer ritmos cardíacos irregulares como la fibrilación ventricular (FV) o la taquicardia ventricular (TV).

Reanimación asistida para paro cardiaco

En combinación con la aplicación inmediata de reanimación cardiopulmonar (RCP), un desfibrilador es la única forma de tratamiento para alguien que ha sufrido un paro cardíaco. Si se usa dentro de los 3-5 minutos posteriores al colapso de una persona, sus posibilidades de supervivencia aumentan del 6% al 74%.

Los desfibriladores son un equipo fácil de usar, están diseñados para ser utilizados por cualquier persona, sin importar el nivel de capacitación que se tenga, para garantizar que quién sufra un paro cardiaco en un lugar público tenga la mejor posibilidad de supervivencia.

El desfibrilador solo proporcionará tratamiento eléctrico al corazón si el órgano se encuentra en un cierto estado de temblor incontrolable o “fibrilación”. Si la unidad detecta que el corazón no está en un “ritmo susceptible de descarga”, no permitirá que el usuario realice el tratamiento.

¿Es necesario un desfibrilador?

Los desfibriladores deben estar en todas partes, en tu residencial (controlado por seguridad), en la escuela, en el centro de trabajo, en lugares de esparcimiento (desde los centros comerciales hasta los gimnasios), aeropuertos, etc.

En LIFE uno de nuestros objetivos es, además de aumentar la formación en RCP, implementar programas con el uso de desfibriladores automáticos. Una posibilidad que podría ayudarnos a reducir el número de muertes por paro cardiaco.

 

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